
A partir de los 65 años, el cuerpo experimenta transformaciones que afectan directamente a cómo se absorben y aprovechan los alimentos. Entenderlas es el primer paso para adaptar la dieta con criterio.
El metabolismo basal se ralentiza entre un 10% y un 15%, lo que significa que se necesitan menos calorías para mantener el peso, pero no menos nutrientes. Aquí está la trampa: comer menos cantidad sin planificar bien puede derivar en carencias importantes. La masa muscular disminuye de forma progresiva —sarcopenia— lo que se acelera si la dieta no aporta suficientes proteínas. La producción de ácido gástrico también se reduce, dificultando la absorción de hierro y vitamina B12.
Tres nutrientes merecen especial atención en la personas mayores:
Proteínas: la recomendación actual para mayores de 65 años se sitúa entre 1,0 y 1,2 gramos por kilo de peso al día, superior a la de adultos jóvenes. Pollo, pescado, huevos, legumbres y lácteos deben estar presentes en cada comida principal.
Calcio y vitamina D: forman un tándem imprescindible para la salud ósea. La osteoporosis afecta a aproximadamente 3 millones de personas en España, con especial incidencia en mujeres postmenopáusicas. Se recomienda entre 1.000 y 1.200 mg de calcio diarios, combinado con exposición solar moderada y, si el médico lo indica, suplementación de vitamina D. Los lácteos, las almendras, el brócoli y las sardinas en conserva son fuentes accesibles y económicas.
Fibra: el estreñimiento afecta a casi el 40% de los mayores de 70 años. La recomendación es de 25-30 gramos diarios de fibra, siempre acompañada de una buena hidratación. Lentejas, garbanzos, avena, manzana con piel y verduras de hoja verde son los grandes aliados.
A partir de los 65 años, el cuerpo experimenta transformaciones que afectan directamente a cómo se absorben y aprovechan los alimentos. Entenderlas es el primer paso para adaptar la dieta con criterio.
El metabolismo basal se ralentiza entre un 10% y un 15%, lo que significa que se necesitan menos calorías para mantener el peso, pero no menos nutrientes. Aquí está la trampa: comer menos cantidad sin planificar bien puede derivar en carencias importantes. La masa muscular disminuye de forma progresiva —sarcopenia— lo que se acelera si la dieta no aporta suficientes proteínas. La producción de ácido gástrico también se reduce, dificultando la absorción de hierro y vitamina B12.
Tres nutrientes merecen especial atención en la personas mayores:
Proteínas: la recomendación actual para mayores de 65 años se sitúa entre 1,0 y 1,2 gramos por kilo de peso al día, superior a la de adultos jóvenes. Pollo, pescado, huevos, legumbres y lácteos deben estar presentes en cada comida principal.
Calcio y vitamina D: forman un tándem imprescindible para la salud ósea. La osteoporosis afecta a aproximadamente 3 millones de personas en España, con especial incidencia en mujeres postmenopáusicas. Se recomienda entre 1.000 y 1.200 mg de calcio diarios, combinado con exposición solar moderada y, si el médico lo indica, suplementación de vitamina D. Los lácteos, las almendras, el brócoli y las sardinas en conserva son fuentes accesibles y económicas.
Fibra: el estreñimiento afecta a casi el 40% de los mayores de 70 años. La recomendación es de 25-30 gramos diarios de fibra, siempre acompañada de una buena hidratación. Lentejas, garbanzos, avena, manzana con piel y verduras de hoja verde son los grandes aliados.
Planificar las comidas con antelación es una de las estrategias más eficaces para garantizar una nutrición completa. Un menú bien estructurado no tiene por qué ser aburrido ni complicado. La clave está en incluir variedad de grupos alimentarios en cada jornada y repartir la ingesta en cinco tomas al día —tres principales y dos tentempiés— para mantener niveles estables de energía y evitar la pesadez digestiva.
Un esquema orientativo para la semana puede incluir:
En cuanto a las grasas, el aceite de oliva virgen extra sigue siendo el gran protagonista de la dieta mediterránea. Los pescados azules —salmón, caballa, sardinas— aportan omega-3 con propiedades antiinflamatorias probadas. Lo que conviene evitar son las grasas trans y los ultraprocesados, que aportan calorías vacías y elevan el riesgo de enfermedades crónicas.
Respecto al sodio, el exceso de sal es un enemigo silencioso especialmente dañino para las personas con hipertensión, que afecta a más del 60% de los españoles mayores de 65 años. Las especias, las hierbas aromáticas, el limón y el vinagre son alternativas estupendas para dar sabor sin añadir sal.
La deshidratación es uno de los riesgos más subestimados en la personas mayores. Con los años, el mecanismo de la sed se debilita: muchas personas mayores no sienten la necesidad de beber aunque su cuerpo lo necesite con urgencia. La recomendación general es ingerir entre 1,5 y 2 litros de líquido al día, incluyendo agua, infusiones, caldos y frutas con alto contenido hídrico como la sandía, el melón o el pepino.
Una estrategia práctica es dejar una botella de agua visible junto al sillón y establecer horarios fijos para beber. Ofrecer líquidos con sabor —agua con rodajas de limón, infusiones templadas— suele funcionar mejor que insistir con agua sola. En Senniors, el seguimiento de la hidratación forma parte del protocolo de cuidado domiciliario que aplicamos en cada hogar.
Reconocer la deshidratación a tiempo puede evitar complicaciones graves como infecciones urinarias, confusión mental o caídas. Conviene prestar atención a estas señales:
Si se detectan varios de estos síntomas a la vez, es importante consultar con un profesional sanitario. La deshidratación moderada o severa puede requerir intervención médica, sobre todo en verano o durante episodios de fiebre.
Muchas personas mayores enfrentan dificultades concretas que condicionan lo que pueden comer. Conocerlas y tener soluciones preparadas marca una gran diferencia en el cuidado de personas mayores en casa.
Problemas de masticación: los problemas dentales, la falta de piezas o el uso de prótesis mal ajustadas llevan a rechazar alimentos nutritivos. La solución no es limitar la dieta a purés insípidos. Cocinar verduras al vapor hasta que estén tiernas, preparar carnes guisadas que se deshagan, triturar legumbres en forma de hummus o preparar flanes de verduras y batidos de frutas con yogur permite mantener el valor nutricional sin sacrificar el sabor ni la dignidad en la mesa.
Pérdida de apetito: la medicación, la soledad, la depresión o la disminución del gusto y el olfato son causas frecuentes. Para contrarrestarla, conviene servir raciones pequeñas pero nutritivas, con colores variados y presentación atractiva. Cocinar con especias como el pimentón, la cúrcuma o el orégano mejora el sabor y aporta antioxidantes. Comer acompañado también ayuda: según estudios publicados en la revista Appetite, las personas que comparten mesa ingieren hasta un 30% más que quienes comen solas.
Enfermedades crónicas: la hipertensión, la diabetes tipo 2, la insuficiencia renal o la disfagia requieren adaptaciones específicas que deben estar supervisadas por el médico o el dietista. En ningún caso se deben hacer restricciones alimentarias severas sin indicación profesional, especialmente en personas con bajo peso o riesgo de malnutrición.
Suplementos bajo supervisión médica: la vitamina D, el calcio, el hierro, la vitamina B12 y los ácidos grasos omega-3 son los suplementos más frecuentemente prescritos en personas mayores. Pero nunca deben tomarse por cuenta propia. La automedicación puede provocar interacciones con fármacos habituales o toxicidad por acumulación. Lo ideal es que los nutrientes procedan principalmente de los alimentos, y que los suplementos actúen como refuerzo puntual bajo prescripción.
El impacto de la soledad en la alimentación: en España, la soledad no deseada afecta a casi 2 millones de personas mayores. Su impacto sobre la nutrición está bien documentado: quienes comen solos tienden a preparar platos más sencillos, menos variados y con menor aporte nutricional. Fomentar las comidas en compañía —con familiares, amigos, en centros de día o con el apoyo de un cuidador a domicilio— tiene un efecto directo sobre la cantidad y la calidad de lo que se ingiere. Algunas familias organizan turnos para acompañar a sus mayores en las comidas principales; otras recurren a servicios de atención domiciliaria que combinan la preparación de alimentos con el acompañamiento durante la ingesta.
Garantizar una buena nutrición en la personas mayores requiere atención, planificación y, sobre todo, cariño. No se trata de seguir dietas estrictas ni de convertir cada comida en un problema, sino de adaptar los hábitos a las necesidades reales de cada persona. Pequeños cambios —una ración extra de proteína, un vaso más de agua al día, compartir la mesa con alguien— pueden marcar una diferencia enorme en la salud y el ánimo de nuestros mayores.
Si tu familia necesita apoyo profesional para cuidar la alimentación y el bienestar de una persona mayor en casa, en Senniors contamos con profesionales que ofrecen atención personalizada adaptada a cada situación, con la cercanía que este tipo de cuidado merece. Contacta con nuestro equipo y cuéntanos cómo podemos ayudarte.
Proteína (para mantener masa muscular), calcio (para huesos), vitamina D (absorción de calcio), fibra (digestión), vitamina B12 (energía y cognición) y antioxidantes. También son cruciales hierro, magnesio y ácidos grasos omega-3. Una dieta variada con verduras, frutas, legumbres, pescado, huevos y lácteos cubre estas necesidades nutritivas.
Lo recomendado es entre 1,5 y 2 litros diarios, aunque varía según peso, clima y medicamentos. Las personas mayores tienen menos sed, por lo que es importante crear el hábito de beber regularmente. Infusiones, caldos y frutas con alto contenido en agua también cuentan. Aumenta la ingesta si hay síntomas de deshidratación o calor intenso.
Las texturas blandas, trituradas o en puré son ideales. Evita alimentos duros, pegajosos o fibrosos. Las sopas, caldos espesos, yogures y purés de verduras son excelentes opciones. Para los líquidos, puedes ofrecerlos con sabor —agua con limón, infusiones templadas— para favorecer su consumo. Siempre consulta con un logopeda o médico para determinar la textura más segura según tus necesidades individuales.
Ofrece comidas frecuentes en porciones pequeñas, más apetitosas visualmente y aromáticas. Incluye proteína en cada comida, mejora la presentación del plato y come acompañado cuando sea posible. Si el problema persiste, consulta al médico para descartar problemas de salud. En casos complejos, servicios de cuidados a domicilio como Senniors pueden ayudar a mejorar la alimentación diaria.
Las necesidades calóricas varían según edad, sexo, peso y nivel de actividad. Generalmente, una persona mayor sedentaria necesita entre 1.600 y 2.000 calorías diarias. Los hombres activos pueden requerir hasta 2.400 calorías. Es fundamental consultar con un nutricionista para personalizar estas recomendaciones según la salud individual.