
La fibromialgia es una enfermedad crónica e incapacitante de causa desconocida caracterizada por dolor generalizado del aparato locomotor. En el curso de la enfermedad se producen fluctuaciones en los síntomas, mejorando y empeorando sucesivamente a lo largo del tiempo.
Su impacto sobre el bienestar de las personas es evidente, llegando a afectar a diferentes esferas como la salud física y mental, el ámbito laboral y las relaciones familiares, entre otras.
Además del dolor, la fibromialgia presenta otros síntomas que pueden incluir:
La fibromialgia y las patologías afines afectan en torno al 3% de la población, mayoritariamente mujeres, ya que 9 de cada 10 personas afectadas son del sexo femenino.
La complejidad e inespecificidad de los síntomas determinan que el diagnóstico se convierta en un proceso farragoso que se prolonga durante 6 años de media.
La fibromialgia puede darse en cualquier edad, si bien el grupo en el que más aparece es el de 40 a 49 años. En cualquier caso, al tratarse de una patología crónica, también puede acabar afectando a personas mayores. Además, las personas de mayor edad tienden a no identificar los síntomas, achacándolos a la edad o a otras patologías.
El tratamiento de la fibromialgia en personas mayores requiere de un especial cuidado con el uso de los analgésicos y el resto de fármacos y a la hora de establecer todas las pautas adicionales necesarias para luchar contra la enfermedad.
El dolor crónico y la fibromialgia no están exentos de mitos y a menudo las personas afectadas se han visto estigmatizadas y sometidas a cierto desdén.
La fibromialgia no es una enfermedad imaginaria ni tampoco un trastorno psicológico. Se trata de una patología real, considerada como tal por la OMS desde 1992.
Existe el tratamiento para la fibromialgia y este debe abarcar múltiples facetas de la vida del paciente. De este modo, incluye el establecimiento de hábitos saludables y la farmacoterapia adecuada que contribuya a minimizar los síntomas, además de otras terapias que pueden ser necesarias, como la psicoterapia.
La fibromialgia afecta mayoritariamente a mujeres (20:1), pero también puede afectar a hombres. Es más frecuente en las etapas medias de la vida (40-50 años), aunque puede presentarse a cualquier edad. Además, la mayoría de los pacientes soportan los síntomas durante muchos años, antes de ser correctamente diagnosticados.
Senniors celebra el día internacional de la fibromialgia y acompaña a todos los pacientes con servicios como la fisioterapia a domicilio.
El dolor crónico, la fatiga y los problemas cognitivos pueden afectar tu capacidad para trabajar a tiempo completo, causar bajas laborales frecuentes o necesidad de adaptar tu puesto. En la esfera familiar, puede impactar tu participación en actividades y relaciones. El apoyo psicológico y el de allegados es fundamental para mantener la calidad de vida y nuevos equilibrios.
Caminar a ritmo suave, nadar, pilates adaptado y yoga gentil son excelentes. Lo importante es comenzar despacio y respetar tus límites. Muchas personas con fibromialgia se benefician de tener apoyo en tareas cotidianas como limpieza o compras. Servicios como los de Senniors, que ofrece cuidados a domicilio, pueden aliviar la carga física y permitirte enfocarte en tu bienestar.
Actualmente no existe cura definitiva, pero se puede controlar muy bien con un enfoque multidisciplinario. El tratamiento combina medicación específica, fisioterapia, ejercicio regular adaptado, manejo del estrés y cambios en el estilo de vida. Muchas personas logran reducir síntomas significativamente y mejorar su funcionalidad. La clave está en trabajar con profesionales especializados.
No existe prueba de sangre ni imagen específica. Se basa en criterios clínicos: dolor generalizado durante al menos tres meses, fatiga persistente y síntomas cognitivos. El médico realiza un examen físico para descartar otras enfermedades y evalúa el historial de síntomas y cómo afectan tu calidad de vida. Es fundamental una evaluación completa por un especialista en reumatología.
Dolor generalizado en músculos y articulaciones, fatiga extrema, trastornos del sueño, dificultad de concentración y rigidez matutina. Algunos también experimentan migrañas, depresión y ansiedad. Los síntomas fluctúan a lo largo del tiempo, mejorando y empeorando en ciclos. El nivel de dolor varía según el estrés, actividad física y cambios climáticos.