
El edema periférico, esa acumulación de líquido en los tejidos de pies y tobillos, tiene una relación directa con ciertos cambios corporales que suceden con los años. No se trata de un proceso único, sino de la suma de varios factores que convergen con el tiempo. El organismo a los 75 años no gestiona los líquidos igual que a los 40, y comprender esos cambios ayuda a distinguir lo esperable de lo patológico.
Con el tiempo, las paredes de los vasos sanguíneos pierden elasticidad. Las venas de las piernas, que deben luchar contra la gravedad para devolver la sangre al corazón, se vuelven menos eficientes. Las válvulas venosas, esas pequeñas compuertas que impiden el reflujo sanguíneo, se deterioran y permiten que la sangre se acumule en las zonas más bajas del cuerpo. El sistema linfático también se ralentiza: su capacidad para drenar el exceso de líquido intersticial disminuye de forma progresiva.
A esto se suma una reducción natural de la función renal. Los riñones filtran menos volumen por minuto, lo que facilita la retención de líquidos. La concentración de proteínas en sangre, especialmente la albúmina, también tiende a descender, y esa proteína es precisamente la que ayuda a mantener el líquido dentro de los vasos. Cuando baja, el agua se filtra hacia los tejidos con mayor facilidad.
Imaginemos una situación muy habitual: una persona mayor que pasa buena parte del día sentada, con los pies apoyados en el suelo. Sin el movimiento muscular de las pantorrillas, que actúan como una bomba natural para impulsar la sangre de vuelta al corazón, el líquido se estanca. Es lo que los profesionales sanitarios llaman "bomba sural", y su funcionamiento depende directamente de caminar, flexionar los tobillos y mover las piernas.
Tras una caída, una cirugía de cadera o simplemente por prudencia al caminar, muchas personas mayores reducen su actividad física. Ese círculo entre menos movimiento y más edema se retroalimenta: los tobillos se hinchan, el calzado aprieta, caminar resulta incómodo y se camina menos. Romper ese ciclo, con ayuda de fisioterapia a domicilio o ejercicios adaptados, es una de las intervenciones más efectivas y a la vez más accesibles.
El edema periférico, esa acumulación de líquido en los tejidos de pies y tobillos, tiene una relación directa con ciertos cambios corporales que suceden con los años. No se trata de un proceso único, sino de la suma de varios factores que convergen con el tiempo. El organismo a los 75 años no gestiona los líquidos igual que a los 40, y comprender esos cambios ayuda a distinguir lo esperable de lo patológico.
Con el tiempo, las paredes de los vasos sanguíneos pierden elasticidad. Las venas de las piernas, que deben luchar contra la gravedad para devolver la sangre al corazón, se vuelven menos eficientes. Las válvulas venosas, esas pequeñas compuertas que impiden el reflujo sanguíneo, se deterioran y permiten que la sangre se acumule en las zonas más bajas del cuerpo. El sistema linfático también se ralentiza: su capacidad para drenar el exceso de líquido intersticial disminuye de forma progresiva.
A esto se suma una reducción natural de la función renal. Los riñones filtran menos volumen por minuto, lo que facilita la retención de líquidos. La concentración de proteínas en sangre, especialmente la albúmina, también tiende a descender, y esa proteína es precisamente la que ayuda a mantener el líquido dentro de los vasos. Cuando baja, el agua se filtra hacia los tejidos con mayor facilidad.
Imaginemos una situación muy habitual: una persona mayor que pasa buena parte del día sentada, con los pies apoyados en el suelo. Sin el movimiento muscular de las pantorrillas, que actúan como una bomba natural para impulsar la sangre de vuelta al corazón, el líquido se estanca. Es lo que los profesionales sanitarios llaman "bomba sural", y su funcionamiento depende directamente de caminar, flexionar los tobillos y mover las piernas.
Tras una caída, una cirugía de cadera o simplemente por prudencia al caminar, muchas personas mayores reducen su actividad física. Ese círculo entre menos movimiento y más edema se retroalimenta: los tobillos se hinchan, el calzado aprieta, caminar resulta incómodo y se camina menos. Romper ese ciclo, con ayuda de fisioterapia a domicilio o ejercicios adaptados, es una de las intervenciones más efectivas y a la vez más accesibles.
Más allá de los cambios naturales, los pies y tobillos hinchados pueden responder a patologías concretas que requieren diagnóstico y tratamiento específico.
La insuficiencia venosa crónica es la causa más frecuente de edema en miembros inferiores en personas mayores de 65 años. Según la Sociedad Española de Angiología y Cirugía Vascular, afecta a cerca del 50 % de las mujeres y al 30 % de los hombres en ese tramo de edad. Se manifiesta con hinchazón que empeora a lo largo del día, pesadez en las piernas, varices visibles y, en fases avanzadas, cambios en la coloración de la piel del tobillo, que adquiere un tono oscuro o parduzco.
La trombosis venosa profunda es una complicación grave de los problemas circulatorios. A diferencia de la insuficiencia venosa crónica, suele afectar a una sola pierna y produce dolor, calor local y enrojecimiento. Es una urgencia médica porque el coágulo puede desprenderse y provocar una embolia pulmonar.
El edema bilateral, es decir, la hinchazón en ambos pies y tobillos, puede ser un signo temprano de insuficiencia cardíaca. Cuando el corazón no bombea con suficiente fuerza, la sangre se acumula en las venas y la presión empuja el líquido hacia los tejidos. Este tipo de hinchazón suele dejar una marca al presionar con el dedo (lo que se conoce como "edema con fóvea") y tiende a empeorar por la tarde.
Los problemas renales provocan retención de sodio y agua, lo que se traduce en hinchazón generalizada que a menudo comienza por los tobillos. La cirrosis hepática y otras enfermedades del hígado reducen la producción de albúmina, facilitando la fuga de líquido hacia los tejidos. Cualquiera de estas tres situaciones (corazón, riñón o hígado) necesita seguimiento médico continuado.
Muchos fármacos de uso frecuente en geriatría favorecen la retención de líquidos. Los más conocidos son:
Nunca se debe suspender un medicamento por cuenta propia. Si la hinchazón coincide con el inicio de un tratamiento nuevo, lo correcto es consultarlo con el profesional médico para valorar alternativas.
Distinguir entre un edema benigno y uno que requiere atención urgente puede resultar complicado para las familias. Hay algunas claves que funcionan como un semáforo: verde cuando la hinchazón es leve y simétrica al final del día, ámbar cuando persiste por la mañana o se acompaña de otros síntomas, y rojo cuando aparecen signos de gravedad.
La hinchazón por sí sola rara vez constituye una emergencia. Lo que convierte la situación en urgente es la combinación con otros síntomas. Hay que acudir a urgencias o llamar al 112 si aparece:
Un dato práctico: si al presionar la zona hinchada con el pulgar durante cinco segundos la marca tarda más de 15 segundos en desaparecer, el edema es significativo y merece una consulta médica pronto, aunque no sea una urgencia inmediata.
El edema en ambas piernas suele apuntar a causas sistémicas: problemas cardíacos, renales, hepáticos, efectos de medicamentos o simplemente insuficiencia venosa crónica. Es el tipo más habitual y, aunque necesita valoración, generalmente permite una consulta programada con el médico de cabecera.
El edema en una sola pierna es más preocupante porque puede indicar una trombosis venosa profunda, una infección localizada (celulitis), una obstrucción linfática o, en algunos casos, la compresión de vasos por una masa abdominal o pélvica. Ante una pierna hinchada de forma asimétrica, especialmente si aparece de forma brusca, la valoración médica debe ser rápida.
Mientras se identifica y trata la causa de fondo, existen medidas que ayudan a aliviar la hinchazón en el día a día.
La sal es el principal enemigo del edema. La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 5 gramos diarios, pero el consumo medio en España ronda los 10 gramos. En personas mayores con tendencia a la retención de líquidos, reducir el sodio tiene un efecto notable en pocas semanas. Esto implica cocinar con menos sal, evitar embutidos, conservas y platos precocinados, y leer las etiquetas de los alimentos.
Aumentar la ingesta de potasio a través de plátanos, tomates, espinacas y legumbres ayuda a equilibrar los niveles de sodio. Beber suficiente agua, entre 1 y 1,5 litros al día salvo restricción médica, también contribuye paradójicamente a reducir la retención.
No hace falta ir al gimnasio. Basta con activar la bomba muscular de las pantorrillas varias veces al día:
Dedicar 5 minutos cada dos horas marca una diferencia real. Elevar las piernas por encima del nivel del corazón durante 20-30 minutos, dos o tres veces al día, facilita el retorno venoso. Un par de cojines bajo los pies al descansar en el sofá es suficiente. Un profesional de terapia ocupacional puede adaptar estos ejercicios a la capacidad y preferencias de cada persona.
Las medias de compresión graduada son una de las herramientas más eficaces contra el edema venoso. Deben colocarse por la mañana, antes de levantarse, cuando la hinchazón es mínima. La presión habitual para edema leve-moderado es de 20-30 mmHg, aunque el profesional médico o de enfermería debe indicar la más adecuada.
El calzado también importa: debe ser ancho, con cierre ajustable (velcro o cordones) y sin costuras internas que puedan rozar la piel edematosa. Evitar zapatos con tacón o demasiado planos protege la articulación del tobillo y facilita una marcha más segura.
Cuando la hinchazón en pies y tobillos persiste más de dos semanas, aparece de forma brusca o se acompaña de otros síntomas, el equipo de atención primaria iniciará una evaluación que suele incluir:
Ese proceso diagnóstico permite identificar la causa concreta y ajustar el tratamiento.
El seguimiento regular es clave, especialmente en personas con patologías crónicas. Pesar cada mañana puede ser un indicador muy útil: un aumento de más de un kilo en 24 horas o de dos kilos en una semana sugiere retención de líquidos significativa y debe comunicarse al equipo médico.
Acompañar a una persona mayor con edema recurrente requiere atención constante, ajustes en la rutina diaria y coordinación con profesionales sanitarios. Si tu familia necesita apoyo en casa para gestionar estas situaciones, en Senniors contamos con cuidadoras profesionales que adaptan su acompañamiento a las necesidades de cada persona, desde la movilización y los ejercicios hasta el control de la dieta y la medicación. Tanto si buscas apoyo por horas como un acompañamiento continuo en casa, el objetivo es el mismo: más salud, más tiempo y más casa para tu familiar.
Los profesionales de Senniors pueden aplicar técnicas de drenaje linfático, compresas frías y elevar correctamente tus piernas. Garantizan que tomes medicamentos a tiempo y monitorizan cambios en la hinchazón. Adaptan tu entorno para reducir tiempo de pie prolongado y supervisan tu hidratación. Los cuidadores detectan señales de alerta que requieren atención médica y coordinan con tu doctor. Así consigues bienestar en casa con supervisión profesional continua.
Acude si la hinchazón es repentina, afecta solo una pierna, duele intensamente, hay enrojecimiento o calor. También si va acompañada de dificultad respiratoria, palpitaciones o cambios en la piel. Visita al profesional si la hinchazón persiste a pesar de medidas caseras o aparece tras un golpe. Un chequeo regular es importante en mayores con hinchazón recurrente, ya que puede indicar afecciones que necesitan seguimiento.
Elevar las piernas por encima del corazón durante 15-20 minutos varias veces al día reduce significativamente la hinchazón. Los baños de agua alternada, masajes suaves desde el pie hacia el muslo y calcetines de compresión son efectivos. Caminar regularmente, reducir sodio en la dieta y mantenerte hidratado también ayuda. Evita estar mucho tiempo sentado o de pie. Si persiste, consulta con tu médico para descartar causas que requieran tratamiento específico.
La hinchazón puede ser síntoma de insuficiencia venosa, problemas renales, cardíacos o hepáticos. También la diabetes, artritis, infecciones o lesiones locales. Algunos medicamentos para la presión arterial pueden causarla. Igualmente, la trombosis venosa profunda o el linfedema. Si la hinchazón aparece repentinamente, es unilateral, duele o va acompañada de enrojecimiento y calor, requiere evaluación médica. Un profesional puede hacer el diagnóstico diferencial correcto.
La hinchazón aumenta con la gravedad durante el día. La sangre se acumula en las extremidades inferiores porque los vasos sanguíneos pierden elasticidad con la edad, dificultando el retorno venoso. También influyen la reducción de actividad física, la ingesta de sodio y ciertos medicamentos. Permanecer sentado o de pie prolongadamente agrava el problema. Por la noche, al acostarte y elevar las piernas, la hinchazón tiende a remitir.