
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune crónica que afecta al sistema nervioso central: el sistema inmunitario ataca por error la mielina, la capa protectora que recubre las fibras nerviosas del cerebro, la médula espinal y el nervio óptico. Sin esa protección, la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo se vuelve más lenta o se interrumpe.
Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), más de 55.000 personas viven con esclerosis múltiple en España, una cifra que ha crecido un 15% en los últimos quince años gracias, en parte, a mejores diagnósticos.
Cuando la enfermedad aparece o progresa en la edad mayor, el diagnóstico se complica. Los síntomas pueden confundirse con otras condiciones propias del envejecimiento, como el párkinson o los primeros signos de deterioro cognitivo, y la comorbilidad vascular retrasa aún más la confirmación (revista Neurología, Elsevier). Por eso, ante cualquier síntoma nuevo, lo primero es siempre una valoración neurológica completa.
La esclerosis múltiple no evoluciona igual en todas las personas. Existen formas remitente-recurrente, con brotes y periodos de recuperación, y formas progresivas, donde los síntomas avanzan de manera más continua. En las personas diagnosticadas después de los 50 años predominan las formas progresivas, lo que hace que el seguimiento neurológico regular sea todavía más importante para ajustar el tratamiento a tiempo.
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune crónica que afecta al sistema nervioso central: el sistema inmunitario ataca por error la mielina, la capa protectora que recubre las fibras nerviosas del cerebro, la médula espinal y el nervio óptico. Sin esa protección, la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo se vuelve más lenta o se interrumpe.
Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), más de 55.000 personas viven con esclerosis múltiple en España, una cifra que ha crecido un 15% en los últimos quince años gracias, en parte, a mejores diagnósticos.
Cuando la enfermedad aparece o progresa en la edad mayor, el diagnóstico se complica. Los síntomas pueden confundirse con otras condiciones propias del envejecimiento, como el párkinson o los primeros signos de deterioro cognitivo, y la comorbilidad vascular retrasa aún más la confirmación (revista Neurología, Elsevier). Por eso, ante cualquier síntoma nuevo, lo primero es siempre una valoración neurológica completa.
La esclerosis múltiple no evoluciona igual en todas las personas. Existen formas remitente-recurrente, con brotes y periodos de recuperación, y formas progresivas, donde los síntomas avanzan de manera más continua. En las personas diagnosticadas después de los 50 años predominan las formas progresivas, lo que hace que el seguimiento neurológico regular sea todavía más importante para ajustar el tratamiento a tiempo.
En personas con esclerosis múltiple de inicio tardío, los síntomas más frecuentes al empezar son motores más que sensitivos: debilidad en una o las dos piernas es el más habitual. Otras señales a las que prestar atención:
Ninguno de estos síntomas confirma por sí solo un diagnóstico de esclerosis múltiple —muchos se solapan con otras condiciones frecuentes en la edad mayor—. Lo importante es no restarles importancia y consultar con un neurólogo si aparecen de forma persistente o progresiva.
Vivir con esclerosis múltiple en casa es posible con los apoyos adecuados. Lo que más ayuda a mantener la autonomía es:
Una dieta equilibrada, rica en antioxidantes, omega-3 y vitamina D, también contribuye a la salud neurológica general, siempre bajo supervisión médica.
Es una de las preguntas que más preocupan a las familias, y merece una respuesta clara. Según la Fundación Esclerosis Múltiple (FEM), gracias a los tratamientos actuales la esclerosis múltiple rara vez es mortal por sí misma: la esperanza de vida se sitúa unos 7 años por debajo de la población general, y en la mayoría de los casos el fallecimiento no se debe a la enfermedad directamente, sino a complicaciones asociadas, como infecciones o problemas cardiovasculares.
La calidad de vida en la edad mayor depende sobre todo del número de comorbilidades y de la calidad del apoyo recibido. Con tratamiento, fisioterapia y acompañamiento psicológico sostenidos, muchas personas mantienen una buena calidad de vida durante décadas.
La familia no necesita convertirse en experta en esclerosis múltiple para ayudar, pero sí puede hacer varias cosas que marcan una diferencia real:
Estas pautas coinciden con lo que recomienda la Fundación Esclerosis Múltiple: el entorno cercano es, junto con el equipo clínico, el factor que más influye en cómo se vive la enfermedad día a día.
Cuando la esclerosis múltiple avanza o aparece en la edad mayor, coordinar fisioterapia, seguimiento médico, apoyo emocional y adaptaciones del hogar por separado agota a cualquier familia. En Senniors ponemos un equipo interdisciplinar propio —fisioterapia, terapia ocupacional, psicología y coordinación clínica— al servicio de la persona, con Florence, nuestra plataforma de seguimiento, para que la familia esté siempre informada sin tener que estar encima de cada detalle. Es atención sanitaria domiciliaria en España pensada para que cada persona siga en su casa con la máxima autonomía posible.
Sí. Con fisioterapia, terapia ocupacional, seguimiento médico y apoyo emocional coordinados, la persona puede mantener autonomía y calidad de vida en su propio hogar durante muchos años. Un equipo interdisciplinar coordinado, como el de Senniors, facilita que cada apoyo llegue en el momento adecuado.
Porque los síntomas —problemas de equilibrio, debilidad, cambios cognitivos leves— se parecen a los de otras condiciones frecuentes en la edad mayor, como el párkinson o el deterioro cognitivo. A esto se suma la comorbilidad vascular, habitual a partir de cierta edad, que complica aún más la valoración neurológica.
Con los tratamientos actuales, la esclerosis múltiple rara vez es mortal directamente. La esperanza de vida es aproximadamente 7 años inferior a la de la población general, y la mayoría de los fallecimientos se deben a complicaciones asociadas, no a la enfermedad en sí (Fundación Esclerosis Múltiple).
El síntoma más frecuente es la debilidad en una o las dos piernas, junto con dolor neuropático (hormigueo o quemazón) y espasticidad muscular. A diferencia de los diagnósticos en edades más jóvenes, los síntomas sensitivos son menos habituales al inicio.
Sí. Entre un 5% y un 9% de los diagnósticos de esclerosis múltiple corresponden a lo que se llama inicio tardío, es decir, síntomas que comienzan después de los 50 años. En estos casos el diagnóstico suele tardar más porque los síntomas se confunden con otras condiciones del envejecimiento.